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Estambul y Turquía clásica

Estambul, la puerta de Turquía, ocupa una posición estratégica atravesada por el Bósforo entre el Mar de Marmara y el Mar Negro.

Denominada Bizancio en la antigüedad, Estambul inició su leyenda en el año 330 DC, cuando fue elegida capital del nuevo Imperio Romano con el nombre de Constantinopla. Alcanzó su esplendor bajo el emperador Justiniano.

En 1453 cayó en manos de los otomanos liderados por el Sultán Mehmet II y éste proclamó a la ciudad, capital del Imperio Otomano. Tras la derrota de Turquía en la Guerra Mundial, la ciudad fue ocupada por franceses e ingleses.

Con el liderazgo de Mustafa Kemal Ataturk, terminó la ocupación extranjera, se fundó la República de Turquía con Ankara como capital y se emprendieron importantes reformas que convirtieron a Turquía en un país moderno.

Como resultado de su historia, esta ciudad, sugestiva y llena de contrastes, mitad Europa y mitad Asia, guarda monumentos como Santa Sofía, construida por Justiniano, Topkapi (antiguo palacio del Sultán Otomano, hoy fabuloso museo con colecciones de joyas, tronos, reliquias y mosaicos), la Cisterna (Basílica) Yerebatan, depósito de agua en la época bizantina, el Museo Kariye, (originalmente Iglesia de San Salvador de Cora, cuyas paredes están decoradas con hermosos frescos y mosaicos bizantinos), etc.

El perfil de la ciudad está punteado por los minaretes de sus bellísimas mezquitas. Entre las más famosas están la Mezquita Azul, la Mezquita de Solimán el Magnifico, una obra maestra, el conjunto monumental de Beyazit, la venerada Mezquita Eyup, las mezquitas Yeni, Fatih, Rustem Pasa, Selim, etc.

Por el puente Gálata se llega a la parte moderna donde se encuentra la Torre Gálata (desde la que se disfrutan magníficas vistas de la ciudad), el pintoresco barrio de Beyoglu, con la calle peatonal lstiklal, siempre bulliciosa, la Plaza Taksim, con restaurantes y comercios, los palacios Dolmabahce y Yildiz, la fortaleza Rumeli, elegantes barrios residenciales junto al Bósforo como Ortakoy, etc.

En la parte asiática destaca el Palacio Beylerbeyi. El Gran Bazar, con 4.000 tiendas divididas en calles, según especialidades, el Bazar Egipcio, son paraísos para compras.

Un crucero por el Bósforo o una excursión a la Islas del Príncipe completa un recorrido por esta ciudad. A lo largo de este recorrido, estratégicamente situados, encontrará restaurantes donde degustar las excelencias de la gastronomía turca.

Otro importante atractivo para quienes visitan Turquía es el contacto con el pasado. Efeso, es la ciudad antigua mejor conservada de Asia Menor. La ciudad fue fundada en el segundo milenio AC, pero fue trasladada a su actual posición en el siglo IV AC. Albergó en la antigüedad el Templo de Artemisa, una de las 7 maravillas del mundo. Fue capital de la provincia romana de Asia.

Durante su Edad de Oro (siglos I y II), tuvo una población de 250.000 habitantes, monopolizó la riqueza de Oriente Medio, se convirtió en uno de los principales puertos del Mediterráneo y en centro intelectual de primer orden y fue adornada con espléndidos monumentos de los cuales hoy destacan: el Odeón, el Templo de Adriano, la Biblioteca Celso, el Gran Teatro, con capacidad para 14 mil espectadores, la Arcadiana, magnífica calle flanqueada por columnas del emperador Arcadio, los Baños Vario, etc.

Efeso fue además centro de la religión cristiana en sus comienzos, San Pablo predicó en esta ciudad; San Juan murió en Efeso y el emperador Justiniano y la emperatriz Teodora hicieron edificar una basílica sobre su tumba en el siglo VI. Asimismo, según la tradición, la Virgen María vivió aquí sus últimos años y hoy puede visitarse su casa actualmente convertida en iglesia.

Pérgamo nació en el siglo III AC y se convirtió en una de principales ciudades helenísticas en competencia con Alejandría. Fue centro cultural, comercial y médico. El Aesclepion, centro terapéutico y santuario del dios de la medicina, Aesclepios, fue un sanatorio muy visitado durante el Imperio Romano.

Los monumentos más representativos de su Acrópolis son las ruinas del Templo de Atenea y de la Biblioteca, que en su tiempo guardó 200.000 volúmenes, el Templo de Trajano y el Teatro con una inclinación impresionante.

La ciudad de Bursa era popular en tiempos de los romanos por sus baños y Justiniano la eligió como lugar de descanso Fue asimismo la primera capital del Imperio Otomano y durante este período se construyeron los edificios más hermosos, entre los que brillan la Mezquita y el Mausoleo Verde y la Gran Mezquita.

Cuando la capital se trasladó a Constantinopla, Bursa siguió siendo el balneario favorito de los sultanes y sus familias. Un paseo por el barrio antiguo con su mercado nos traslada a otro tiempo.

Autor: Margarita Campbell