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Marrakesh, la puerta del desierto

Marrakesh ubicada en el corazón de Marruecos, al pie de las montañas Atlas en la depresión de Haouz, también conocida como "la puerta del desierto" ó "la ciudad roja", es uno de los destinos más exóticos del mundo.

Fundada en 1062 por la dinastía Almoravides, debe su crecimiento a su localización en una encrucijada de caminos que hizo de ella un importante centro de intercambio comercial. Más de nueve siglos de gloria imperial mezclaron tradiciones árabes y bereberes dándole el particular encanto que aún conserva.

La cordialidad de su gente con su antigua tradición de hospitalidad, caracterizan la ciudad como un destino tranquilo y seguro que, junto a un clima agradable todo el año, particularmente en invierno, y sus fuentes, estanques, jardines perfumados, árboles exóticos y palmeras, invitan al descanso y la relajación.

Con una amplia oferta de atracciones y actividades como paseos en coches a caballo o en camello, tradicionales banquetes, fantasías árabes, modernas discos y galerías de compras, sin olvidarnos de pasear por los laberintos de la Medina. Es factible, además, practicar golf o esquiar en los cercanos picos del Atlas, apreciando en su trayecto impresionantes paisajes y características aldeas de adobe que se posan en las cuestas.

Fuera del círculo de la Medina, donde la vida ha sido casi igual por siglos, encontrará las áreas más modernas de la ciudad, áreas residenciales de amplias avenidas, casas elegantes y espléndidos jardines, que hacen que sus habitantes se jacten de ambos centros, el moderno y el antiguo, y de su estilo de vida que combina lo exótico y lo occidental.

La vida nocturna de la ciudad es muy completa y capaz de satisfacer todos los gustos, desde cenar en uno de los palacios viejos en las calles estrechas de la Medina, presenciar espectáculos internacionales o tentar la suerte en sus casinos.

La cocina marroquí es famosa en el mundo por sus recetas típicas hechas a base de verduras y frutas deliciosas, de especias raras y de una variedad grande de aves caseras, carnes rojas o pescado. No deje de probar un delicioso plato de cordero y especies llamado "tangia", que se cocina lentamente enterrado de noche en cenizas calientes.

En el Museo Dar Si Said podrá apreciar excelentes piezas de joyería de plata finamente trabajada, lámparas de aceite en piedra de Taroudannt, cuero bordado, alfarería rústica, trabajos en mármol, joyería berebere y una excepcional colección de alfombras.

Una vuelta por la plaza Djemaa El Fna le permitirá apreciar una fiesta multicolor con malabaristas, acróbatas, músicos, encantadores de serpientes, trovadores y contadores de cuentos entre otros, se reúnen todas las tardes para entretenimiento de habitantes locales y turistas.

Nada ha cambiado en las viejas curtiembres donde los artesanos usan todavía índigo para teñir de azul, antymonio para el negro y azafrán para obtener amarillo. Un recorrido al pasado para tener en cuenta y agendar.

Entre las mezquitas más populares debemos mencionar la de Kasbah, reformada durante los siglos XVIII y XIX, de la que se conservan originales el minarete y la monumental puerta Bab Agnau.

La mezquita Koutubyya (s XII) considerada una de las mejores piezas del arte musulmán y la de Bab Dukkala, al igual que los palacios del Badí, de Dar Baida y de Bahiyyah no deben faltar en cualquier recorrido de la ciudad.

En definitiva Marrakesh es una ciudad que no defrauda a quienes la visitan ya que tiene mucho, para todos los gustos y para todos los presupuestos.

Autor: Alejandro Villaroela


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