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El Mediterráneo, el Egeo, el Mar Negro y el Mar de Mármara,
rodean Turquía por el norte, oeste y sur. Con más de 8000 km de costa y cuatro
mares, es un tesoro de cuevas, islotes, bahías y playas, para elegir donde
anclar.
Es un trayecto por la historia desde una perspectiva del mar más que desde
tierra, un viaje que lo llevará a la playa privada de Cleopatra, a los fuegos
eternos del Monte Olympo y a los restos arqueológicos de antiguas
civilizaciones.
Para los amantes de la vida activa, navegar por estas claras aguas les concede
la oportunidad de poder nadar, pescar, esquiar, practicar surf o bucear. Es
también una experiencia enriquecedora el conocer y tratar a la hospitalaria
gente de las localidades costeras.
Los temperamentales vientos que generalmente soplan del oeste y suroeste, hacen
los veranos interminables para delicia del navegante y animan a uno a admirar
la naturaleza todavía más.
Desde algunas de las playas vírgenes de color turquesa y desde las protectoras
bahías se pueden ver las cumbres de las montañas que se elevan hasta 3000 m
sobre el nivel del mar. Afortunadamente, las modernas instalaciones y el
progreso de Turquía no han malogrado la vieja hospitalidad y relajada forma de
vivir.
La navegación ha permanecido como una actividad popular, siendo una industria
en constante crecimiento. Hoy, un gran número de puertos deportivos se esparcen
a lo largo de la costa entre Estambul y Antalya.
En Estambul, los navegantes disfrutarán de paisajes naturales espléndidos, del
mar abierto y magníficos atardeceres, así como de un viaje a través de la
historia bizantina y otomana conforme naveguen entre fortalezas, palacios y
mezquitas.
Después de navegar por el asombroso Bósforo, pasar bajo los enormes puentes
colgantes que enlazan Europa y Asia, deambular a lo largo de las siluetas de
las mezquitas del Cuerno de Oro o navegar junto a las cuevas y pequeñas bahías
de las islas de los Príncipes, usted puede regresar a uno de los más grandes
puertos deportivos de la zona: el puerto deportivo de Atakóy en la parte
europea o el de Kalamis en la parte asiática.
Desde el mar del Norte, los navegantes pueden atravesar Europa con la nueva
canalización de los ríos Rin y Danubio hasta los puertos del mar Negro, el
estrecho del Bósforo y los puertos deportivos de Estambul, una forma segura y
corta de alcanzar los puertos del Mediterráneo turco.
Las costas del mar Negro le ofrecen al navegante una naturaleza virgen y verde.
Hay multitud de cuevas y puertos pesqueros a lo largo de la costa y el clima es
suave, tanto en verano como en invierno.
Los puertos deportivos más asentados yacen en las costas del sur del Egeo y del
Mediterráneo: Izmir, Cesme, Kusadasi, Datça, Bozburun, Marmaris, Gócek, Fehtiye,
Kalkan, Kas, Finíke, Kemer y Antalya.
En estos bien equipados puertos, los navegantes pueden encontrar una amplia
variedad de servicios y las provisiones necesarias. Los aeropuertos de Antalya,
Dalaman, Izmir y Estambul proveen rápidos enlaces con todos los puertos
deportivos de Turquía; después de un fácil vuelo podrá estar a bordo de su yate
y navegar durante todo el día.
El diseño particular de las goletas, el barco turco autóctono por excelencia,
combina el pragmatismo y la tradición que conllevan una forma relajada de
viajar, estas embarcaciones están dotadas de motores y de instalaciones
funcionales.
El número de pasajeros que una goleta puede acoger varía normalmente entre ocho
y doce personas. Las goletas más modernas están equipadas con todas las
comodidades de una casa y propician una situación en la que no tendrá que hacer
nada más que divertirse.
En la goleta, usted puede explorar lo más recóndito de la costa, sus cuevas y
calas desiertas. Los pequeños puertos y asentamientos, ofrecen una visión
íntima de la vida costera que las grandes embarcaciones no pueden ofrecer.
En gran medida, la goleta es un hotel con todo lo necesario, cuyas habitaciones
tienen una ventana al mar con un paisaje que cambia constantemente.
Fuente: Ministerio de Turismo de
Turquía |