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La montaña y yo

Me inicié en el esquí en el año 1994 en Chapelco, San Martín de los Andes (en nuestro querido Sur); tomando clases colectivas con un instructor de la Escuela de Esquí del Cerro y ... oh, sorpresa ! al tercer día de divertida instrucción me encontré bajando por una pista, yo solita, con mi rudimentaria técnica de cuña, la cual sirve para los primeros pasos y permite detenerse o girar. Ya estaba esquiando !

Al año siguiente viajé a las rocallosas de Colorado (Keystone & Arapahoe Basin) en el país del norte, donde encontré el placer de probar el esquí nocturno.

Les comento que son regiones muy frías con alturas que llegan casi a 4000 m, donde uno puede disfrutar y esquiar sobre una nieve siempre perfecta con 20 ° C bajo cero (brrrr !!!), realmente hay que estar muy abrigado.

Una circunstancia que me toco vivir, muestra la organización y trato que hay en los centros invernales de USA, para con las personas que sufren algún tipo de discapacidad.

Esquiando en Colorado, en una pista de dificultad intermedia y delante mío se deslizaba una mujer vestida con un chaleco-cartel que decía "blind skier" (esquiadora ciega), guiada por una instructora que le marcaba cuando girar, detenerse o continuar.

Ahora les contaré, con los ojos cerrados, el encanto especial y mágico que allí experimenté:

Comienza al apoyar los esquies sobre ese manto blanco y maravilloso llamado "nieve". Luego las tablas, que se deslizan muy suavemente pendiente abajo, invitan a viajar hasta el infinito.

Su delicado roce produce una especie de susurro, uniendo los sonidos del silencio, la montaña, la noche, las estrellas, la luna llena (haaay !!! que liiindo ¡!!); provocando nuevas sensaciones que llegan hasta el alma, recibiendo toda la fortaleza necesaria de esa naturaleza viviente.

Terminado mi idilio nocturno con la nieve, voy camino a mi refugio en una cabaña donde me está esperando un buen baño caliente con hidromasaje, el hogar a leña crepitando, una alfombra mullida y una mesa donde la tenue luz de unas velas arranca oscilantes reflejos de una botella de champagne.

Ah !! pequeño detalle: siempre vayan bien acompañados/as, miren que hace muuucho frio !!

Aún ahora, cada vez que finalizo mi jornada de esquí, siento que la montaña se despide y me dice al oido: "Cuidate. Y volvé ... que yo ... siempre estoy acá !!".

PD: Es muy difícil explicar el sentimiento y la pasión que tengo por este deporte invernal, pero si prueban una vez, cada uno muy intimamente, se harán eco del encanto que produce esquiar de noche ... o de día.

Autor: Martha Román