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Bahía, tierra de la felicidad

El estado de Bahía, en el nordeste de Brasil, está bañado por el Océano Atlántico y abarca casi 1000 km de costa, 2 grandes bahías y más de cien islas. De clima agradable, tiene una temperatura media anual de 27°, siempre con la presencia de una brisa suave, principalmente a lo largo de la costa.

El sol brilla durante casi todo el año, dando alegría y color a una gente acogedora y amiga, que se viste con muchos colores, cree en muchos dioses y hace de la vida una eterna fiesta.

Miles de turistas de todo el mundo llegan a Bahía a través del aeropuerto internacional de Salvador, la capital del estado, o de los aeropuertos ubicados en las principales regiones turísticas, las que están conectadas entre sí por una excelente red vial.
La belleza de Bahía hechiza el visitante; empezando por Salvador, fundada en 1549 por Tomé de Souza, fue la primera capital de Brasil hasta 1763.

Son 40 km de playas con aguas tibias y transparentes, enmarcada por extensos cocotales y la constante presencia de quioscos donde predominan los frutos de mar, las bebidas preparadas con frutas tropicales y la cerveza siempre fría.

Entre la enorme variedad de playas tenga presente: Porto da Barra, do Farol, Rio Vermelho, Ondina, Amaralina, Pituba, Boca do Rio, Jardim de Alah, Piatá, Plaça Ford, Itapuá (inmortalizada por Vinicius), Jauá, Portáo Buraquinho y Arembepe. Hermosas barreras coralinas, naufragios, aguas claras y cálidas son la alegría de quienes practican el buceo deportivo.

Salvador se halla dividida en dos: la ciudad alta, la nueva, sede de muchos organismos oficiales, con sus edificios, negocios, teatros, cines, lujosos hoteles, universidades y elegantes barrios; y la ciudad baja, la antigua, poblada de magia y misterio, con los centros bancarios, comercial y portuario. La mayoría de sus 2,2 millones de habitantes son de color, consecuencia de haber sido puerto de ingreso de esclavos africanos.

El Centro Histórico de Salvador es el mayor conjunto arquitectónico colonial barroco de Latinoamérica y, allí, el barrio de Pelourinho, cuyas casas coloridas y empedrado irregular, hacen que parezca que se ha ingresado en el túnel del tiempo. Es un increíble centro de esparcimiento de día y de noche, con sus bares, tiendas de artesanía y piedras preciosas, restaurantes, y todo al ritmo de la música afrobrasilera.

El perfume del aceite de palma, el dendé, invade las calles del "Pelo", como se le llama al Pelourinho, y se transforma en los manjares de las "bahianas", en sus impecables vestidos blancos con sus bordados y collares multicolores, y le ponen el sabor del acarajé, el abará, el carurú, la moqueca de camaráo símbolos de su gastronomía incomparable. No deje de experimentar un "cravinho" (cachaça aromatizada con especias) o probar las delicias que ofrecen las vendedoras ambulantes.

Característicos de Salvador son los shows de "capoeira", danza que encubre un estilo de lucha practicado por los esclavos y popularizado hoy en día por su contenido cultural.

Imperdonable resultaría no entrar al Museo de Arte Sacro, instalado en el antiguo convento de los teresianos, con un elevado número de imágenes de madera, barro cocido y marfil; relicarios, platería, pinturas, muebles y altares coloniales.

Se dice que en Salvador hay una iglesia para cada día del año, definitivamente no puede dejar de visitar la iglesia de Sao Francisco, famosa por su interior revestido en oro, la de Nossa Senhora da Conceição da Praia, traída en piezas desde Portugal y la del Senhor do Bonfim.

El restaurado Dique do Tororó, con sus fuentes luminosas entre dioses africanos, el Parque de Pituaçu, reúne espacio y naturaleza con obras de artistas bahíanos, el Parque Lagoa do Abaeté, ofrece un bellísimo paisaje entre las dunas blancas.

Praia do Forte, muy cerca de Salvador, es un verdadero paraíso natural con extensos cocotales. Esta antigua villa de pescadores hoy dispone de varios hoteles y pousadas, restaurantes y un resort internacional. Siendo una región de desove de tortugas marinas, allí se desarrolla el Proyecto Tamar, cuyo centro destinado a su preservación, puede ser visitado por los turistas.

La Bahía de Todos los Santos alberga más de 50 islas, Itaparica, a la que se accede por ferry o catamarán, es la mayor con 36 km de extensión. Además de numerosos hoteles, restaurantes y un resort internacional, tiene una gran variedad de playas maravillosas: do Forte, donde se erige el Fuerte de Sao Lourenzo, Amoroira y bañadas de aguas azules y transparentes Barra do Gil, Barra Grande y Aratuba.

Dos Frades es otra paradisíaca isla de ocho kilómetros de extensión donde el reloj parece haberse detenido en tiempos de la colonia. Tiene dos puertos: Loreto y Coqueiros, este último protegido de los vientos por varias islas menores. Ensenadas caprichosamente recortadas, arenas muy blancas y aguas cristalinas son marco de las playas Tobar, Viraçao, Tapera y Ensenada.

Entre las islas que forman el Municipio de Cairu, al sur de Salvador, Tinharé, Boipeba y Cairu son las más importantes dentro de la bahía que lleva el nombre de la primera de ellas.

Precisamente en la isla de Tinharé se encuentra otra de las joyas del litoral: Morro de Sao Paulo con una naturaleza exuberante con muchas calas al lado de cómodas y modernas pousadas. Cairu es una pacífica ciudad colonial y en cuanto a Boipeba, allí se capturan los mayores y más sabrosos camarones de la zona.

Un poco más al sur, Ilhéus, con sus bellísimas playas, aeropuerto, excelente infraestructura hotelera y aguas reconocidas internacionalmente para la pesca del Marlín. Muy cerca se encuentra Itacaré, paraíso del surf y donde la Mata Atlántica es una constante.

Continuando hacia el sur se encuentra Porto Seguro, marco inicial de Brasil y consagrado internacionalmente por la cantidad y calidad de sus playas, su permanente espíritu de diversión, su infraestructura de hospedaje y su oferta gastronómica de alto nivel.

Casi en el extremo sur de Bahía, el archipiélago de Abrolhos, paraíso de los buzos deportivos, guarda uno de los mayores santuarios ecológicos del continente, acogiendo aves migratorias oriundas de las más diversas regiones del planeta, delfines, peces y corales raros, además del bellísimo espectáculo de apareamiento de las ballenas yubarta entre los meses de agosto y noviembre.

Pero en Bahía, no hay solamente mar, la Chapada Diamantina con sus sorprendentes formaciones rocosas, increíbles valles que se extienden hasta dónde los ojos pueden alcanzar, cascadas, lagos, grutas y cuevas, dejará gratos recuerdos en quienes la visiten. Su clima típico de montañas propicia la aparición de especies raras de orquídeas y bromelias.

Autor: Eduardo Serrano


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